CARLOS MANZANO
 

Reseñas

 

 

HERALDO DE ARAGON

Suplemento Artes & Letras

Jueves, 30 de junio de 2005


NARRATIVA ARAGONESA

Fósforos en manos de unos niños

Carlos Manzano. Septem Ediciones. Col. Littera. Oviedo, 2005. 96 páginas

 


Carlos Manzano (Zaragoza, 1965) se dio a conocer con "Las fuentes del Nilo", y ahora aparece "Fósforos en manos de unos niños". Esos niños, metafóricamente, son Carla y Germán. Ella es auditora y contable; Germán, estrechamente unido a una madre anciana, visita cada semana dos clubes nocturnos. A pesar de esas vidas tan alejadas, de repente a Carla y Germán les unirá una amiga enferma, y su existencia cambiará por completo. Carlos Manzano, con pulso seguro y oficio, maneja la voz omnisciente y el monólogo. A&L

 

 

 

El Periódico de Aragón

Palabra de honor

Miércoles, 28 de septiembre de 2005

 


Carlos Manzano

Escritor y fotógrafo

«La escritura te hace sentir como un dios»


JOAQUÍN CARBONELL

ZARAGOZA

Sus aficiones le llevan a recorrer mundo, a escribir y a plasmar en fotografías sus sueños. Un mundo lírico que le convierten en un ser privilegiado. Ángela Ibáñez le presenta mañana en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés (19.30 h.) Fósforos en manos de unos niños (Septem).
Los fósforos en manos de los niños pueden ser muy peligrosos.
La protagonista cuenta el placer que se siente al encender unos fósforos, a pesar de que sabe que lo tiene prohibido.
Ahí está la gracia...
Claro. Trata de la falta de sentido a lo que uno hace. Son dos personas que al encontrarse descubren que uno tiene lo que le falta al otro.
Es una historia en todo caso corta.
Sí, no llega a cien hojas... Lo que he pretendido es que sea una novela ágil, que fluya. No es que haya una precipitación en la acción pero no sobra ni falta nada.
¿Es una obra visual?
Me han dicho que sí, que podría servir de guión cinematográfico. Hay pensamientos, claro, pero creo que es muy visual.
Eso enlaza con su otra afición.
Seguro, yo he sido muy aficionado al cine también. El lenguaje del plano me viene de inmediato a la cabeza, veo la escena. Cuando describo una situación necesito apoyarme en una imagen visual.
¿Ve también a los personajes?
Físicamente no; caras no les pondría. Mis personajes no están dibujados al detalle, me interesaban más como elementos que desarrollan una historia.
¿Qué importancia tiene la fotografía en su obra?
Yo creo que es más que una afición, porque hago trabajos específicos, exposiciones, me lo planteo con una actitud muy seria, de desarrollo personal, aunque quede un poco cursi. Pasa igual como con la literatura, no existe una voluntad de trascender sino de disfrutar.
Pero simplemente porque no vende un millón de libros...
Sí, porque a lo mejor yo me exigiría una actitud distinta, teniendo en cuenta que habría un mercado que te pide algo. En mi situación uno no puede plantearse cuánto va a vender, porque las cifras son, más que modestas casi simbólicas.
Hay mucha gente que encuentra en la literatura una válvula de escape.
Para algunos escribir es un acto de sufrimiento; yo disfruto muchísimo, inventando historias y personajes. La escritura te hace sentir como Dios, porque el mundo está en tus manos. Hay una actitud de rebelión silenciosa, que no trasciende pero que te libera de tus demonios.
Un viaje.
El que más me ha impactado fue el que hice a Yemen. Es como retroceder tres siglos en el tiempo.

 

 

El Cronista de la red

Libros en Aragón


"Fósforos en manos de unos niños", de Carlos Manzano (Septem Ediciones, 2005)

"Carla Delgado y Germán Navarro llevan vidas en absoluto coincidentes. Ella acaba de comenzar a trabajar como auditora; él ejerce como contable en la delegación local de una importante empresa … El azar hará que los destinos de ambos se entrecrucen en una relación absorbente y disoluta que cambiará por completo su comprensión de sí mismos". Esta ajustada y prometedora anotación es la que reza en la contraportada de "Fósforos en manos de unos niños", segunda novela del aragonés Carlos Manzano, autor de la anterior "Fuentes del Nilo", finalista en el I Premio Letras de Novela Corta.

Con "Fósforos en manos de unos niños" Carlos Manzano ha escrito una novela de trasgresión y riesgo. Un texto breve, -96 páginas- según la taxonomía bibliográfica, pero de gran calado. Acaso, por lo tanto, necesaria y convenientemente breve. Con un lenguaje sin concesiones, desnudo y exacto, Manzano va introduciéndose bajo la piel de los personajes principales, Carla y Germán, para dejarlos en carne viva, sin veladuras, a los ojos del lector, que recorre en su cabeza el camino hacia el descubrimiento de sí mismos que ellos hacen, sorprendiéndose de su propia capacidad de ir más allá, pero también aceptando esa "no vuelta atrás" con la naturalidad de los que saben que toda experiencia es, sin duda, real y naturalmente posible y lógica, aun las aparentemente más arriesgadas y destructivas. Los protagonistas de "Fósforos en manos de unos niños" son ellos mismos tanto al comienzo de la novela como al final, aunque entre una y otra percepción medien, no muchas páginas, pero sí mucha experiencia y una gran transformación. Una experiencia y una transformación que Carlos Manzano ha centrado en la descripción de una relación personal y sexual, de abrupto perfil y durísima resolución, que aparece como una metáfora de las existencias de los personajes.

La narración es mantenida por la voz individualizada de ambos protagonistas. Eso enriquece el análisis de las vivencias abordadas y contribuye a desdoblar las posibilidades de resolución. Mientras uno camina del conocimiento de la transgresión como búsqueda a la más absoluta sumisión como íntima transgresión de sí mismo, la otra elige esto último como forma de vida y de conocimiento (¿el sabor expectante del riesgo, acaso?): "Entonces le pregunté a Sabina si alguna vez había jugado con cerillas. Creo que no comprendió mi pregunta, porque tardó en contestar, y sólo al final, visiblemente extrañada, me confesó que sí, claro, de niña, como todos. Yo, por el contrario, le respondí enseguida: "No; te equivocas, Sabina. No todos han jugado con fósforos. No todos conocen la sensación que se siente cuando estás a punto de quemarte los dedos".

©2006 El Cronista de la red

versión 12.0

 

 

 


FÓSFOROS EN MANOS DE UNOS NIÑOS
(Fósforos en manos de unos niños, 2005)
Carlos Manzano 


"Fósforos en manos de unos niños" es una novela breve, que a pesar de su corta extensión se me ha hecho un poco larga. Al principio, las peripecias -desde mi punto de vista bastante normales o tópicas- de Germán y Carla, principales protagonistas de la narración, no consiguieron interesarme demasiado. Es posible que la intención de Manzano fuera ésa: la de narrar las miserias cotidianas de unos seres vulgares y corrientes. De ser así, pienso que el autor cumplió en mayor o menor medida su objetivo pero, y siempre desde la óptica de mi gusto personal como lector, también opino que tanto a Germán como a Carla les faltaba un hervor; ese algo especial que consiga convertirlos en realmente atractivos para mí. En ningún momento, encontré en ninguno de ellos suficiente motivos o razones que lograran que me sintiera interesado por su suerte o lo suficientemente implicado con ellos como para apetecerme acompañarlos en sus peripecias.

Inesperadamente, la narración pega un brusco viraje -una especie de "Nueve semanas y media" cañí -a partir del momento en que Germán y Carla deciden formar pareja-. Aquí el principal problema que encontré fue que no conseguí entender demasiado bien las motivaciones de los personajes. Pienso que esto pudo deberse a dos razones: a que yo no supe verlo con claridad o bien a que el autor no supo explicarlo mejor.

No tenía nada claro si todo aquel proceso de humillaciones sexuales a los que Germán sometía a Carla venía motivado por un afán de venganza por su parte, ya que la chica tuvo cierta responsabilidad en que éste fuera despedido de la empresa en la que trabajaba. El caso es que al principio éste llega a afirmar que Carla es la mujer de su vida, la horma de su zapato, lo que hace pensar que el joven se ha enamorado de ella. ¿Ha engañado entonces Germán al lector?, ya que lo que sucede posteriormente tiene poco de amor, pienso yo.

Otra opción que barajé fue que quizá esas reacciones agresivas o violentas no eran más que una puerta de salida a través de la cual Germán conseguía descargar sobre Carla toda la rabia que sentía en su interior. Es decir, un modo de liberar toda la presión acumulada anteriormente. En todo caso, estaríamos ante la descripción de la conducta anómala de un sujeto que no está demasiado bien de la cabeza; un tipo que ha llegado a su punto límite de frustración personal y emocional.

De igual modo, tampoco llegué a entender demasiado bien la conducta de Carla, que la chica aceptara con esa sumisión todo lo que Germán le proponía; al menos no tal y como está contado. En fin, que la verdad que todo esto me provocó muchas dudas que finalmente no consiguieron quedar resueltas.

Pienso, de todos modos, que Carlos Manzano -y esto lo digo porque he leído otra novela suya "Vivir para nada", que me convenció mucho más que ésta por cierto- tiene especial afición para reflejar en sus narraciones los aspectos más sórdidos y sombríos de la gente normal, el lado oscuro de la gente de la calle. En ese sentido, "Fósforos en manos unos niños" consigue describir sin tapujos ni medias verdades todo el proceso de degradación de una relación de pareja, que hacen de lo sórdido y escabroso su razón de ser. Manzano no escatima en detalles y describe cada situación sin pelos en la lengua; llamando a cada cosa por su nombre. En ese sentido, es un narrador tremendamente claro, prefiriendo lo explícito o lo hardcore por encima de lo sutil o lo soft. Es evidente que Manzano tiene un estilo de contar las cosas, un mundo propio que intenta reflejar siempre, con mayor o menor fortuna, en sus novelas, algo que no se puede decir tampoco de muchos escritores de este país.
 

Joseph B Macgregor
Anika entre libros
 

 

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